Las ciudades, espejo de la nueva realidad

Entre las tendencias que configuran desde hace ya varias décadas el presente y el futuro en este siglo 21, además del cambio tecnológico exponencial y el cambio climático, es necesario considerar a las ciudades como el entorno predominante de la nueva realidad.

De acuerdo con las cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hoy 55% de la población mundial, 4 mil 200 millones de habitantes viven en las ciudades y para 2050 se duplicará la congregación urbana hasta constituir casi 70% de la población del planeta. En México, según información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 1950, 43% de la población vivía en localidades urbanas; hoy el porcentaje es 79%, casi 100 millones de habitantes, proporción que se mantendrá en 2050 con poco más de 245 millones como población urbana.

Por esta razón, los retos del desarrollo del país se identifican, en gran medida, con los problemas y las carencias que se viven en las ciudades, desde la desigualdad y la pobreza extrema, el desempleo, violencia e inseguridad, la insuficiencia y falta de calidad de los servicios de salud y educación, hasta el deterioro ambiental, la creciente vulnerabilidad frente a los fenómenos naturales, problemas de transporte y movilidad y, en muchos casos, una deficiente gestión institucional del Gobierno y de los servicios públicos.

La ciudad es más que un espacio geográfico donde habita una cierta población; la ciudad es la forma más desarrollada que hemos logrado para vivir en comunidad. Esto la convierte en una entidad compleja, una formación que cambia conforme evolucionan la economía, necesidades sociales, organización política, expectativas y valores que le dan identidad a la comunidad. La ciudad, por esto mismo, se encuentra siempre en un proceso de transformación permanente.

Hace unos años se pensaba que lo mejor era un área urbana cada vez más extendida territorialmente, hoy queremos una ciudad más compacta, que ofrezca cercanía y que sea amigable para los peatones; hoy, a diferencia del pasado, es altamente reconocida la necesidad de cuidar el medio ambiente y de preservar los recursos naturales para mejorar nuestra calidad de vida; hoy tenemos claro que ademas de contribuir a mitigar el cambio climático, tenemos que trabajar para la adaptación ante los efectos negativos que pueden traer consigo fenómenos naturales extraordinarios, por mencionar algunas de las nuevas condiciones que vivimos en las ciudades.

En este contexto, el coronavirus ha venido a violentar el cambio de nuestro modo de vida y, como históricamente se ha registrado cada vez que hay una crisis sanitaria, las ciudades se han convertido en el centro neurálgico de la epidemia y se moldean ante las nuevas circunstancias. Conforme a los datos de la ONU, las ciudades son la zona cero de la pandemia, con el 90% de los contagios registrados, lo cual ha provocado cambios radicales en el trabajo, educación, ocio y sobre todo las relaciones interpersonales.

La contingencia sanitaria ha venido a remarcar lo apremiante de redoblar el paso para la transformación de nuestras ciudades con un enfoque de desarrollo sostenible, que atienda su prosperidad económica y competitividad, la superación de la pobreza y desigualdad, la sustentabilidad ambiental y fortaleza de los gobiernos locales y la participación social.

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