Pandemia sobre pandemia. Emergencia en la salud pública…

En el año 2019 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) registró más de 260 mil defunciones de personas relacionadas con el sobrepeso y la obesidad, principalmente enfermedades cardiovasculares y diabetes, en tanto que la epidemia de la Covid-19, ha provocado en México más de 218 mil fallecimientos de acuerdo con las cifras oficiales.

La pandemia inesperada por la propagación mundial del virus SARS-CoV-2, se sobrepuso a otra pandemia silenciosa que ya padecíamos desde hace varias décadas, de la cual casi no se habla y, por lo mismo, no  hemos hecho gran cosa por superarla.

Es alarmante observar cómo se han afianzado en nuestra sociedad los patrones de consumo y estilos de vida que implican una alimentación consistente en productos ultraprocesados, con exceso de azúcares, grasas, sodio y calorías. La estimación es que cerca del 30% de la dieta de los mexicanos está compuesta por este tipo de productos.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cerca del 73% de la población mexicana padece de sobrepeso, una de las tasas más altas de los países que integran la OCDE. Por su parte, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señala que nuestro país ocupa el primer lugar mundial de obesidad infantil y el segundo en adultos.

Al problema de una alimentación inadecuada debe sumarse el estilo de vida inactivo, sedentario, de la gran mayoría de las personas que tarde que temprano agravan los padecimientos del sobrepeso y la obesidad, la diabetes, el estrés crónico, el deterioro emocional y, por supuesto, las enfermedades cardiovasculares.

Además del lacerante problema social, humano, que significa esta epidemia, debe preocuparnos su efecto en el desempeño de la economía del país. La misma OCDE estima que en los próximos años este tipo de enfermedades reducirá la fuerza de trabajo, ya que las personas con sobrepeso y padecimientos relacionados tienen menos probabilidades de estar empleadas y, en caso de estarlo, son menos productivas; se incrementará notablemente el gasto familiar y el presupuesto público necesario para atender estas afecciones; y se pueden perder hasta 5.3 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto.

México vive una situación grave de emergencia epidemiológica. Ocupar el primer lugar mundial de letalidad en el mundo (número de fallecimientos por cada 100 contagios) por la Covid-19 es la mayor prueba de la irresponsabilidad e incompetencia con las cuales el Gobierno federal ha enfrentado la pandemia, y más a sabiendas de la alta vulnerabilidad de nuestra población por las condiciones del sobrepeso, la obesidad y las enfermedades asociadas como la diabetes y las afecciones cardiovasculares.

Exhortar a protegerse con amuletos y estampitas, a abrazar y a besar, a no usar el cubrebocas, a no establecer apoyos adecuados para la reactivación de la economía, entre otras medidas irreflexivas, retratan fielmente a un gobierno que desdeña las recomendaciones de las entidades especializadas como la Organización Mundial de la Salud, de los científicos, de las organizaciones profesionales y de las instituciones académicas.

Las políticas federales de la salud pública y de la economía se gestionan desde la ignorancia, la ineptitud y la irresponsabilidad.

Por estas razones es muy importante que los gobiernos locales, con la participación de la ciudadanía, puedan otorgarle la prioridad apremiante que requiere la adopción de estilos de vida saludables, el diseño de una estrategia para fomentar nuevos patrones de consumo alimenticio, de impulsar la activación física de todas las personas, sin distinción de sexo o edad, de promover el deporte y la recreación en una nueva relación con la naturaleza.

Así como localmente se ha asumido la responsabilidad de contener la Covid-19 e impulsar la reactivación económica, es necesario definir programas y acciones con la comunidad para enfrentar el contagio silencioso de la epidemia del sobrepeso y la obesidad, y todas las enfermedades que provocan. Es lo más importante para garantizar una mayor calidad de vida de las personas. Debe ser un cambio de modo de vida tan radical y disruptivo como el que nos ha obligado la pandemia.
Todos tenemos algo que hacer. Hagámoslo.

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