El control del Ejecutivo

La conformación de la próxima Cámara federal de Diputados podría ser una luz en la noche oscura del populismo en que los mexicanos hemos vivido en estos últimos tres años. La ciudadanía votó en forma relevante por otros partidos, distintos al que pertenece el titular del Poder Ejecutivo, con la clara intención de generar contrapesos en las decisiones de Gobierno y cambiar el sentido de las políticas públicas que amenazan con desbarrancar la economía, profundizar la pobreza y fomentar un clima de alta conflictividad social en el país. Creo que no exagero al afirmar que la incertidumbre es el sentimiento que prevalece en la mayoría de la población, así como una abierta desconfianza sobre el futuro que nos espera. Y cómo no habría de ser así, cuando día con día se constata que las bases mismas de nuestro régimen, como una forma de Gobierno y de vida política que pretende ser democrática, se encuentra en grave retroceso. De ahí la importancia del trabajo que deberán realizar los próximos diputados federales.

El Congreso general, integrado por la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados, tiene como una de sus principales funciones, además de la legislativa y presupuestaria, la de control del Poder Ejecutivo. Es una función que expresamente define nuestro marco constitucional para evitar un gobierno discrecional, de ocurrencias y motivado por fobias personales. Esta responsabilidad de los diputados la deben ejercer mediante la inspección, fiscalización, comprobación y examen de la actividad que realiza el Ejecutivo, con la finalidad de verificar que este ajuste sus actos a las disposiciones establecidas en la Ley. El gran problema de este periodo legislativo es que la mayoría de los diputados federales son del mismo partido del titular del Poder Ejecutivo y, por lo mismo, absolutamente sometidos a sus decisiones, independientemente del grado de viabilidad y sensatez de las mismas. Esto, sin considerar los inusuales niveles de inexperiencia, falta de preparación e incompetencia de los que han dado prueba fehaciente la mayoría de los legisladores del partido gobernante.

Lo más importante es que los partidos políticos opositores, cuyos representantes serán parte de la próxima legislatura, cumplan con los acuerdos que establecieron entre sí para presentarse como una alianza en el proceso electoral -cuando haya sido el caso- y que no traicionen los compromisos contraídos con la ciudadanía. La negociación individual y la declinación frente al chantaje, solo agravaría la descomposición política y la desconfianza del electorado. Sería, sin duda, la pérdida de la gran oportunidad de hacer contrapesos y establecer un verdadero control del Ejecutivo.

Hay temas que no admiten dilaciones. Desde el cambio de rumbo de una política económica que genera cada vez más pobres, hasta el replanteamiento de las políticas energética y ambiental que se contraponen abiertamente a los objetivos de un desarrollo sostenible acordados por la comunidad internacional, la mejoría de los servicios de salud y el fortalecimiento de la educación. Y ni modo de no mencionar que es urgente detener la intentona de ruptura del régimen constitucional que implica ampliar el periodo de tres años de la presidencia de la Suprema Corte de Justicia.

Por nuestra parte, los ciudadanos debemos estar atentos y vigilantes de que los diputados federales que elegimos cumplan cabalmente con su responsabilidad. Es el futuro del país, el bienestar y la seguridad de los mexicanos lo que está en juego.

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