El Gobierno que necesitamos

Las realidades inesperadas y altamente desafiantes, como es la emergencia sanitaria y sus repercusiones demoledoras sobre la economía y la fractura del modo de vida que hasta hace unos meses imperaba, develan de inmediato la calidad del Gobierno.

Ahora que enfrentamos como sociedad una de las etapas más difíciles de las que podamos tener memoria, resulta oportuno reflexionar sobre las características que debe tener el Gobierno para tomar el liderazgo, conducir la respuesta colectiva ante las situaciones de crisis e impulsar el desarrollo del país.

Además de la legitimidad que le confiere el triunfo electoral, el Gobierno debe asumir con responsabilidad su mandato, lo que implica sujetar sus decisiones a lo que marca la Ley y, algo fundamental, velar por el interés general; gobernar para toda la ciudadanía, no solamente para las personas que se manifestaron a su favor en las urnas y que coinciden con sus propuestas. Unir, lograr que toda la población comparta una misma visión, crear lazos de solidaridad y de trabajo conjunto, debe ser una tarea permanente del Gobierno.

Un componente indispensable de un buen Gobierno es el profesionalismo, la competencia y la experiencia probada de quienes conforman la estructura de la Administración. La gestión pública es tan importante y compleja en sus ramas especializadas, que no admite improvisación, inexperiencia y menos aún, ineptitud. La lealtad ideológica o partidista de los servidores públicos no puede ser una justificación para la incompetencia. Y recordemos, nada, ningún discurso o conferencia de prensa, es tan convincente para la opinión pública como la pertinencia y la eficacia de las acciones.

Para lograr una mejoría real en el desarrollo humano, objetivo inmanente de cualquier gobierno, es necesario conocer la situación actual en que vivimos y definir las metas que debemos lograr en los próximos años. Y esto requiere de un trabajo de planeación, de un esfuerzo de “ver” el futuro y trazar una estrategia para fortalecer la economía, superar los rezagos sociales y la desigualdad, mejorar la educación y la salud, replantear con nuevos criterios el desarrollo de nuestras ciudades, compartir con el resto del mundo el esfuerzo por mitigar el cambio climático y transitar hacia el consumo de energías renovables, entre otros temas del desarrollo. Lo mismo aplica para los megaproyectos de infraestructura y de producción; no es permisible la improvisación ni la prevalencia de criterios ideológicos. Dilapidar recursos del erario público en proyectos destinados al fracaso por falta de una planeación adecuada, es corrupción.

Más allá de los intereses políticos inmediatos, de las bajas pasiones y de las confrontaciones cortesanas, debe prevalecer la ecuanimidad del gobernante y, siempre, una visión de Estado que atienda al bien de toda la población.

Por ello, es muy importante que se pueda establecer una apertura permanente al diálogo y a la colaboración con las organizaciones de la sociedad, con los otros poderes de la Unión, con los diferentes ordenes de Gobierno y, por supuesto, con otros países y comunidades del mundo. La mayoría de los problemas exigen una solución que implica una actitud positiva, de buena fe y de cooperación; el trabajo en equipo es un factor insustituible en el quehacer público.

Aunque con sobresaltos, y en ocasiones con retrocesos, la democracia ha tenido en México avances significativos. Gracias a ello la ciudadanía demanda hoy cada vez mayores espacios de participación y de opinión en los temas de interés común. Así que el Gobierno mismo debe ser un gran impulsor de la participación y de la organización ciudadana, auxiliarse de su conocimiento directo de los problemas y de sus propuestas.

Además de la honestidad de los servidores públicos de todos los niveles, es necesario garantizar la transparencia de la gestión pública, el acceso a la información y la rendición de cuentas. La ciudadanía demanda un Gobierno abierto con el cual sostener una interlocución permanente y valorar la eficacia y la eficiencia de las acciones cuyo sentido debe ser el mejoramiento de la propia comunidad. El ejercicio de la política y del poder público demandan honradez, disciplina, preparación, responsabilidad, método y compromiso con el interés general de la sociedad. Nada que ver con el populismo autoritario e irresponsable.

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