Código rojo. La apuesta climática del Gobierno.

Si hasta hace algún tiempo había alguna manera de negar o dudar que los fenómenos naturales altamente dañinos para la población están asociados al calentamiento de la atmósfera del Planeta y que este incremento de temperatura es resultado de la acción del hombre, hoy no queda lugar a ninguna discusión. El cambio climático es una verdad indiscutible. Aunque ciertamente, una verdad muy incómoda.

Como resultado de los trabajos de investigación que han realizado miles de científicos en el mundo, especialmente en los últimos 30 años, y de la labor de los organismos especializados de Naciones Unidas, el pasado lunes el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) presentó el informe, Cambio Climático: las Bases Científicas, documento que fue aprobado por los representantes de los 195 países que forman parte del grupo.

Lo trascendente de este estudio es que establece con toda claridad por qué el cambio climático no es algo más o menos probable, sino un hecho. Es un golpe contundente al negacionismo y a quienes, por intereses políticos o económicos, han pretendido subestimar esta realidad. Estas son las deducciones clave del informe:

Desde hace décadas el mundo se está calentando. Los cambios climáticos recientes son generalizados, rápidos y cada vez más intensos. No tienen precedentes en miles de años.
Es indiscutible que las actividades humanas están provocando el cambio climático. La influencia humana está haciendo que los eventos meteorológicos extremos, incluidas las olas de calor, lluvias torrenciales y las sequías, sean más frecuentes y severas.

El cambio climático ya está afectando a todas las regiones del Planeta de múltiples formas. Los cambios que experimentamos aumentarán con un mayor calentamiento.

No hay vuelta atrás de algunos cambios en el sistema climático (en cientos o miles de años al menos). Sin embargo, algunos de estos cambios podrían ralentizarse y otros podrían detenerse limitando el calentamiento.

A menos que haya reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala de las emisiones de gases de efecto invernadero, limitar el calentamiento a 1.5 grados Celsius estará más allá de nuestro alcance.

Para limitar el calentamiento global, son necesarias reducciones fuertes, rápidas y sostenidas de CO2, metano y otros gases de efecto invernadero. Esto no solo reduciría las consecuencias del cambio climático, sino que también mejoraría la calidad del aire.

Por estas razones, el secretario General de la ONU, Antonio Gutiérrez, declaró que esto significa “…un código rojo para la humanidad. Las señales de alarma son ensordecedoras y las pruebas son irrefutables”.

Así que ya no hay pretexto que valga para permanecer en la pasividad. Las bases científicas que demuestran la existencia y evolución del cambio del clima global están firmemente asentadas, las naciones del planeta están organizadas y han establecido mecanismos como las COP (Conferencias de las Partes) o reuniones cumbre de todos los países sobre cambio climático, y han adoptado compromisos como el Acuerdo de París para mitigar la emisión de gases de efecto invernadero en horizontes al 2030 y 2050, en el entendido de que su incumplimiento nos conduce hacia el desastre.

El contraste de las políticas públicas del Gobierno de México con este panorama no puede más que infundir miedo. Extrañamiento. ¿Cómo es posible que mientras el mundo enfrenta una situación de emergencia climática, la apuesta del Gobierno sea regresar al uso generalizado de los combustibles fósiles, responsables del calentamiento global, desalentar las energías renovables e incumplir los compromisos ya pactados con la comunidad internacional? Y peor aún: desarrollar proyectos como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, que no solo están destinados al fracaso por su inviabilidad económica, sino que abonan a la destrucción de los ecosistemas y a la mayor generación de gases de efecto invernadero.

El dogmatismo, la ignorancia y la irresponsabilidad parecen ser los ingredientes de la mezcla con que se elaboran las políticas ambientales. Por ello, no es improbable que pronto transitemos de una verdad incómoda a una catástrofe real. Esa es, al menos, la apuesta del Gobierno federal.

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