Es la economía… y todo lo demás.

Aunque la economía mexicana tuvo niveles de crecimiento económico francamente mediocres durante las últimas tres décadas (una tasa media de crecimiento anual del PIB apenas superior al 2.0 %), las decisiones de la actual administración federal se han orientado a demoler las oportunidades y las ventajas que tenía el país para incrementar sus capacidades productivas.

Cada día se vuelve más irrespirable y enrarecido el ambiente por los efectos de la labor destructiva que hace el Gobierno Federal de la economía, pero también de todo lo demás; el sistema de salud, la educación, la política ambiental, la reforma energética, las instituciones electorales, la seguridad pública, entre las cosas relevantes.

Durante la campaña de Bill Clinton a la presidencia de los Estados Unidos se hizo muy popular un slogan mediante el cual quería dejar claro que lo más importante era la situación económica de las familias y no los temas de política exterior que enarbolaban otros candidatos. Fue así como se acuño la frase: “Es la economía estúpido!!”. Y en México hoy tendríamos que exclamar lo mismo, pero con un agregado: «…y todo lo demás!!»

De una tasa de crecimiento del PIB de 2.2 % en 2018, se pasó en 2019, primer año del actual Gobierno, a un crecimiento de sólo el 0.1 %, no obstante que el compromiso en campaña del Presidente fue lograr el 4.0 %. Y ya con la pandemia del COVID-19 nos fuimos al abismo: en 2020 la caída del Producto Interno Bruto se fue a -8.5 %, una reducción no registrada desde la crisis económica de 1929.

Lo más lamentable es que, a diferencia de lo que piensan quienes gobiernan el país, la pandemia no le cayó como anillo al dedo al pueblo de México y la economía no se habría contraído tanto si se hubieran adoptado las medidas adecuadas (contra cíclicas, les llaman los economistas) como establecer apoyos emergentes a las empresas y a los trabajadores.

No obstante que la estimación del crecimiento del PIB para 2021 es superior al 5 %, como resultado de la expansión de la economía norteamericana que arrastra a la economía mexicana, de la vacunación y del rebote después de la caída que tuvimos en 2020, el ritmo de creación de empleos se mantendrá a la baja: en 2018 se creaban empleos a una tasa de 4.0 %, ahora a sólo 2.4 %.

Según algunos especialistas financieros el ingreso de la población nos se recuperará a los niveles de antes de la pandemia hasta 2026. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el ingreso de los hogares mexicanos reportó un descenso de 5.8 % en el 2020 respecto a 2018, su menor nivel desde 2014.

El inicio de la reactivación de la economía ha venido acompañada de una inflación superior a lo previsto. En abril de este año fue de 6.05 %, un nivel que no se había presentado desde 2017 y por encima del objetivo del propio Banco de México que es mantenerla en torno a un 3.0 %. Así que es previsible que continue la elevación de precios y la consecuente inestabilidad de la economía familiar.

Guste o no, el país con el cual México sostiene el mayor intercambio económico y se le considera su socio más importante es Estados Unidos de Norteamérica, situación que se consolidó con el nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), por ello cobra relevancia la opinión del gobierno norteamericano respecto de las posibilidades de invertir en México. En el documento que emite el Departamento de Estado, Clima de Inversión 2021, señala que los cambios regulatorios repentinos, la percepción de una débil respuesta frente a la crisis sanitaria del coronavirus y la inestable salud financiera de PEMEX son elementos que generan incertidumbre para invertir en México. Desconfían del cumplimiento de contratos y les preocupa la delincuencia organizada, la corrupción y la informalidad, fenómenos que el Gobierno no sólo tolera y protege, sino que alienta como parte de su estrategia de gobierno.

Contrario a la narrativa de progreso y bienestar con la cual el Gobierno Federal pretende engañar a la población, lo cierto es que su acción caprichosa y voluntarista, dogmática e irresponsable, genera daños irreparables a la economía, empobrece a la población y nos condena a permanecer en el atraso. Es la destrucción de la economía… y de todo lo demás.

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