El declive de la clase media

Una situación innegable de la realidad que ha vivido el país desde 2019 a la fecha, es el creciente deterioro del nivel de vida de las familias mexicanas.
Así lo señalan los datos que resultan de los trabajos de recopilación y análisis de información que realizan dos instituciones nacionales reconocidas por sus seriedad y profesionalismo: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Consejo Nacional para la Evaluación de las Políticas de Desarrollo Social (CONEVAL).

Se podría pensar, como se afirma desde las esferas oficiales, que todo ha sido culpa de la pandemia provocada por la COVID-19, sin embargo las cifras de la contracción de la economía señalan que desde 2019, antes de la emergencia sanitaria, ya se había iniciado una tendencia negativa (- 0.1 como tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto) que, por supuesto, se agravó con el confinamiento social a que obligó el riesgo de contagio.

Uno de los sectores sociales que más ha resentido los efectos de las fallidas medidas de la política económica de la actual administración federal es la clase media; el grupo social cuyas familias, según los datos del INEGI, perciben un ingreso mensual promedio de poco más de 22 mil pesos.

La cuantificación de esta clase social se hace con base en la información que aporta la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH).

En el año 2000, el 38.4 % de los hogares, conformados por el 35.2 % de la población, eran de clase media. En 2018 el porcentaje de familias aumentó al 46.7 % y la población a un 42.7 %. Sin embargo, para 2020 la proporción de hogares en la clase media cayó a un 42.2 % y la participación de las personas al 37.2 %, el nivel más bajo en el presente siglo.

El declive de la clase media es irrefutable. En términos absolutos, pasamos de ser 53.5 millones de personas en 2018 (la cifra más alta de esa década), a ser 47.2 millones de personas en 2020, es decir 6.3 millones menos.

No es difícil identificar las causas de este proceso gradual de empobrecimiento de la población mexicana. El analfabetismo en materia de política económica del Gobierno Federal está resultando ya de alcances catastróficos para el bienestar de la población. Cancelar proyectos económicos de manera arbitraria e ilegal, provocar el cierre de miles de empresas por la desaceleración económica que genera la desconfianza para invertir en el país, embestir a los mandos medios y superiores de la administración publica, perseguir a los científicos e intelectuales, manejar la crisis sanitaria con una visión oscurantista y negarse a adoptar las medidas recomendadas internacionalmente para impulsar la reactivación económica, son políticas equivocadas que nos conducen a este creciente deterioro social.

Falta por ver los efectos funestos que puede tener la iniciativa de contrarreforma energética, el presupuesto federal 2022 y el manejo de la política financiera ante retos tan preocupantes como la hiperinflación que puede venir.

Ahora más que nunca, se requiere una visión alternativa del país que debemos construir para el futuro, afianzar la unidad de quienes pueden representar un contrapeso al autoritarismo y a la ineptitud, y trazar una estrategia para recuperar las instituciones y el Gobierno que requiere la sociedad mexicana para mejorar. Necesitamos detener el declive.

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